El Camino de Santiago es una de las señas de identidad de Tierra
Estella. Muchos de sus pueblos nacieron al amparo de la ruta jacobea,
y experimentaron su mayor desarrollo y progreso gracias a él.
Así mismo, a través del Camino de Santiago han ido llegando
a Tierra Estella multitud de influencias culturales a lo largo de los
siglos, fruto de las cuales algunos de los monumentos surgidos a su
vera constituyen las muestras más representativas de una variada
tipología.
Aunque el Camino de Santiago es, ante todo, una ruta
de peregrinación surgida en la Edad Media, no puede considerarse
sólo como una vía de transito para peregrinos que buscaban
beneficios espirituales. El Camino ayudó a la reactivación
económica y social de la España cristiana durante los
siglos XI y XII. Sirvió también como nexo de unión
entre los reinos cristianos de la Península Ibérica y
los paises situados más allá de los Pirineos. La Ruta
Jacobea estableció una relación en dos direcciones. Por
una lado, permitió la llegada a España de corrientes de
pensamiento, elementos literarios y artísticos, así como
hábitos de comportamiento. En la otra dirección, facilitó
la difusión de elementos materiales y espirituales desde la península
hacia el resto del continente.
Atendiendo
a su estructura viaria, la peregrinación a Santiago se sirvió
de las viejas rutas, recorridas desde tiempos prehistóricos en
las relaciones entre el valle del Ebro y el noroeste de la Península
Ibérica, a través de la Meseta Norte.